29 de septiembre de 2026 · Lectura 6 min
Heladas y tejados: por qué el hielo daña más la cubierta que la lluvia en el interior de Galicia
En Lugo y Ourense las heladas invernales deterioran tejados y pizarras más rápido que la lluvia. Explicamos por qué y cómo prevenirlo.
En la costa gallega el gran enemigo de una cubierta es la lluvia casi constante. En el interior —Lugo, Ourense, y buena parte de sus municipios de montaña y meseta— el problema cambia de forma: lo que más desgasta un tejado, mes a mes, es el ciclo de hielo y deshielo. Y es un desgaste silencioso: no siempre se nota hasta que aparece la primera gotera del invierno.
Qué le ocurre exactamente a una cubierta con las heladas
El agua que se filtra en una microfisura de una teja, en una junta de mortero o bajo una pizarra mal fijada no desaparece con el frío: se congela. Y al congelarse, aumenta de volumen. Ese movimiento, repetido noche tras noche durante los meses fríos, va abriendo poco a poco grietas que empezaron siendo invisibles. Es el mismo fenómeno que agrieta el asfalto de una carretera, aplicado a un material mucho más fino y expuesto.
En zonas como la comarca de A Fonsagrada, Becerreá o el entorno de O Courel, donde las heladas son más frecuentes e intensas que en las capitales, este desgaste es todavía más rápido. Pero también afecta a cubiertas en Lugo capital, Monforte de Lemos, Sarria o cualquier municipio de Ourense con inviernos marcados, como Verín o Xinzo de Limia.
Por qué cuesta más detectarlo a tiempo
A diferencia de una gotera por lluvia intensa, que suele avisar con un temporal concreto, el deterioro por heladas es progresivo. Una pizarra puede llevar meses con una fisura mínima sin dejar pasar agua visible, hasta que una helada especialmente fuerte —o varias seguidas— termina de abrirla. El resultado típico: la primera gotera “sorpresa” del año aparece justo después de la ola de frío más dura del invierno, cuando en realidad el daño llevaba tiempo gestándose.
Señales de que el frío está afectando a tu tejado
- Pizarras o tejas con pequeñas fisuras o esquinas desconchadas, aunque no haya filtración todavía.
- Juntas de mortero en chimeneas o remates que se notan más abiertas o deshechas que el año anterior.
- Canalones con grietas finas, sobre todo si han acumulado agua estancada que se ha congelado.
- Humedad que aparece “de golpe” tras una helada fuerte, en un punto donde antes no había señales.
Qué se puede hacer antes de que llegue el frío fuerte
La revisión preventiva en otoño es mucho más barata que la reparación de urgencia en enero. Comprobar el estado de tejas o pizarras, sellar microfisuras con el producto adecuado al material, y asegurarse de que canalones y bajantes evacúan bien el agua —para que no se acumule y se congele— reduce muchísimo el riesgo de sorpresas durante el invierno.
En cubiertas antiguas de piedra y pizarra, muy habituales en el interior de Lugo y Ourense, esta revisión es todavía más importante: son materiales nobles, pero con décadas de exposición ya acumulada, y una fisura pequeña hoy puede ser una gotera importante dentro de dos o tres inviernos.
Si tu tejado ha tenido alguna gotera “repentina” tras una helada, o simplemente quieres anticiparte antes de que llegue el frío, una revisión a tiempo suele costar mucho menos que la reparación de urgencia en pleno invierno.